29 de noviembre de 2016

¿Cuántas mitades del mundo puedes contar en un solo país?

Hace unos meses salimos dirección "mitad del mundo" para disfrutar de las vistas de la Reserva Geobotánica Pululahua, desde donde se puede ver el interior del cráter del volcán del mismo nombre y donde se han establecido poblaciones desde la época de la colonia (Hacienda Pululahua) debido a su clima abrigado. En esta ocasión no hicimos ninguno de los senderos que desde allí salen, pero seguro que hay ocasión en otro momento. 





Una de las cosas que yo no sabía es que la verdadera mitad del mundo, el Pucará de Rumicucho, fue construido por los incas alrededor del 1500, y aunque tuvo función militar, se dice que ellos también le daban funciones religiosas, pues se sitúa sobre la línea del ecuador. Además, antes de los incas, otra serie de poblaciones precolombinas tuvieron templos en este lugar. Un sitio mágico con unas vistas asombrosas, y poco conocido por los visitantes de Ecuador. 





Después, las conversaciones fueron llevándonos de un sitio a otro en la historia, y surgió la idea de desplazarnos a visitar también el Parque Arqueológico de Cochasquí, un lugar mágico compuesto de pirámides y montículos de tierra donde, entre los años 850a.C. y 1550d.C, la cultura pre-incaica Quitu-Cara, realizó diversos ritos religiosos, conformando con estas pirámides representaciones espejo de ciertas constelaciones. Observatorio Astronómico útil para determinar los solsticios y equinocios, fabricado de arena volcánica (cangahua) que se ha ido deteriorando con el paso de los años y por lo que actualmente sólo se pueden apreciar las pirámides tapadas con tierra y vegetación.







28 de noviembre de 2016

Parque Nacional Cotopaxi

Aunque llevo en Ecuador casi dos años, solo había podido disfrutar de las vistas del famoso volcán desde la carretera, y además el acceso al parque estuvo cortado un tiempo, pues estuvo humeando y amenazando unos meses

En esta ocasión fuimos a pasear al Parque Nacional, subiendo al cerro Rumiñahui, desde donde se disfrutan unas bonitas vistas del coloso volcán Cotopaxi, de 5897 metros, el segundo más alto después del Chimborazo . No tuvimos mucha suerte, pues las nubes se anclaron a su punta y no nos dejaron verlo en todo su esplendor, pero igualmente hicimos un paseo bonito con unos amigos venezolanos. 

Los caminos al parque son accesibles con todo tipo de vehículo, aunque la vía no está asfaltada, las vistas son hermosas a lo largo de todo el camino, y en la base del cerro Rumiñahui hay un laguito con juntos donde se esconden un gran número de aves. Dicen que antes no había tanto junco y la imagen del Cotopaxi se reflejaba en el agua, lo que debía ser un espectáculo de la naturaleza. 

En la entrada al parque encontramos a un grupo de viajeros que está recorriendo América del Sur en autobús, cómo me habría gustado unirme al periplo... 
















8 de noviembre de 2016

Final del viaje, calor y costa

Para finalizar unas pocas fotos de lugares de los que ya he hablado en el blog previamente, y cuyas entradas se pueden ver en los siguientes links: 


Conseguís averiguar de dónde es cada foto? 

En esta ocasión, en Guayaquil, fuimos al parque de las iguanas en un momento de muchísimo sol, y aquello estaba repleto de iguanas, es espectacular, no sé cómo consiguen sobrevivir tantos de esos bichos en un espacio tan pequeño!! 






Mi padre haciendo nuevos amigos 











Siguiendo la ruta de los andes

Emocionados después de la sorprendente visita a Cuyabeno, continuamos la ruta hacia la costa, pero poco a poco, con previas paradas en Baños de Agua Santa, Alausí y Cuenca. Aunque en otras ocasiones he subido fotos de Baños y de Cuenca, voy a subir por aquí algunas más en compañía de mis padres. 

En Baños, de nuevo, nos quedamos sin suerte y no pudimos ver el Tungurahua, que todavía se encuentra activo y que desde el columpio de la casa del árbol se debería ver. Sin embargo las malvadas nubes negras siempre se oponen entre él y yo. Otra vez será...  Hicimos la famosa visita al pailón del diablo y nos sorprendimos con la espectacular ofrenda visual que nos brinda la cascada de Rio Verde. 







Proseguimos después hacia Alausí, un pueblito perdido en el tiempo famoso por uno de los tramos del ferrocarril transandino que antiguamente se hacía subido en el techo de los vagones, pero que en los últimos años han reformado para que se haga como debe ser, desde dentro del tren. La ruta recorre unos paisajes muy bonitos hasta llegar a un punto curioso, llamado nariz del diablo. En este punto, el tren baja la montaña por una pendiente abrupta haciendo un zig-zag al borde del precipicio. Para hacerlo, cientos de trabajadores murieron a golpe de derrumbe, frío y explosiones, logrando así el paso desde los andes hasta la costa en un tiempo récord. Aunque suena escalofriante, no produce tanto vértigo como uno puede pensar en un principio, pero es curioso de visitar y sobre todo conocer su historia. 














Malamente se puede apreciar por donde va la vía. Con todo el sol de frente, hice lo mejor que pude con esta foto :(


Finalmente llegamos hasta Cuenca, donde sólo podíamos pasar una noche, y donde lamentablemente, al ser domingo, todo se encontraba cerrado. Una pena que mis padres no pudiesen disfrutar de esta ciudad con tanta vida, sin embargo pudieron ver tranquilamente los mil y un monumentos de los que presume la Cuenca ecuatoriana.




Y de regalo dos fotitos del Parque Nacional El Cajas (el venado no lo encontré por casualidad, el pobre estaba encerrado, en un sitio bonito y amplio, pero encerrado)