28 de agosto de 2016

Estado do Acre, Amazonia Brasileña

Desde Cobija, en Bolivia, puedes sentir el ambiente brasileño constantemente, estas ciudades fronterizas se separan del país vecino por el río Acre, y al otro lado, y con libre acceso, puedes entrar a Brasiléia o Epitaciolância, sendas ciudades brasileñas, que si bien, pegadas a Cobija, son completamente diferentes. 

Cruzamos la frontera, donde si no te empeñas en hacerlo, el trámite migratorio no existiría, y nos subimos a un taxi rápido que nos propulsó por carreteras infinitas hasta la ciudad de Rio Branco, capital del Estado de Acre. Desde allí, un conductor de la Secretaría del Medio Ambiente, nos llevó (ya de noche) por unas carreteras llenas de agujeros. El señor, ya entrado en años, manejaba tranquilamente y relajado, dando frenazos bruscos parando a un milímetro de caer por los precipicios que se abrían a los lados de la carretera. Sobrevivimos al temerario itinerario y dormimos en la ciudad de Manoel Urbano, donde al día siguiente tomaríamos una lancha rápida para llegar a uno de los parques amazónicos mejor conservados y más remotos de esta zona, en la frontera con Perú, el Parque Estadual Chandless. El parque lleva su nombre debido al explorador británico William Chandless.

El trayecto en lancha fue de seis horas aproximadamente, y aunque no lo crean, el frío que pasamos fue tan grande que mi cara era una piedra de músculos entumecidos. Hasta los músculos de los ojos se me congelaron y no pude enfocar la vista durante un buen rato. Menos mal que al día siguiente salió el sol, por que este "friagem" del sur casi nos mata, y uno nunca va a la amazonia preparado para el frío, evidentemente.

Allí nos recibió Jesus, director de la Reserva, quien nos atendió maravillosamente y nos enseñó los procesos de diálogo que están facilitando entre las 11 familias de habitantes de la Reserva y los pueblos indígenas que habitan en los alrededores. La idea es llegar a acuerdos sobre la gestión de los recursos y evitar los conflictos futuros. 

También conocimos a Mark, que está haciendo un análisis sobre la factibilidad de la implementación del turismo científico y de aventura, pues es experto en escalada de árboles y plantean colocar plataformas en las copas para realizar el avistamiento de aves. Sin duda este parque es un lugar muy interesante a la par que impenetrable, aislado del mundo y con vestigios de que por él transitan pueblos indígenas sin contactar que no entienden de fronteras y circulan por aquí y por Perú. 











Habitación compartida, hamacas, camas y hasta tiendas de campaña en su interior (el frío era demasiado) 















26 de julio de 2016

Reserva de Vida Silvestre Amazónica Manuripi

Después de salir de La Paz, sobrevolando maravillosas montañas nevadas, y de ver las preciosidades andinas, el paisaje fue cambiando, tornándose cada vez menos montañoso y más verde; las nubes se acumulaban en (nunca mejor dicho) pequeños cúmulos, entre los cuales se comenzaron a asomar las serpientes rojizas del río Madre de Dios, estaba viendo desde el aire por primera vez la Reserva Manuripi, con la que debo trabajar durante los próximos años. 

En la ciudad de Cobija me esperaba mi ya amigo Walter, director del área protegida, que junto con las consultoras que están trabajando para el proyecto, y Juan Carlos, técnico de la reserva, nos adentramos por tierra hacia las comunidades extractoras de castaña que allí habitan. Pasamos un par de días conversando con los diferentes líderes comunitarios que encontramos y aprendimos sobre el proceso de extracción de la castaña amazónica, o brazil nut, cuyo máximo exportador es Bolivia.  




























Después nos fuimos hacia el aeropuerto, donde habíamos reservado un vuelo en avioneta de 6 plazas (terror) con la fuerza aérea boliviana, quienes muy amablemente nos preguntaron el teléfono de la barraca (hacienda castañera) donde íbamos. ¿Por qué nos pedían el teléfono?, porque querían saber si habían habilitado la pista de aterrizaje y espantado a las vacas... en fin, que no tuvimos el número de teléfono y despegamos igualmente, valientes nosotros!! 

Esto fue lo más impresionante del viaje, unas vistas fantásticas de diferentes paisajes dentro de la reserva, una cosa maravillosa. El vuelo no tuvo percances salvo el momento del aterrizaje, durante el cual, y después de haber comprobado que no había reses en la pista, descendimos y nos topamos con la rueda delantera con una bosta inmensa que hizo rebotar la nave y zarandearse hacia los lados. Menos mal que el experimentado piloto consiguió enderezarla y nos salvamos de un buen golpe... uf. 

Recorrimos esta barraca, una hacienda de las tantas que antaño se dedicaban a la explotación de caucho, pero que con la bajada del precio, y el abandono de los grandes señores caucheros, cayeron en manos de otros propietarios, o incluso los mismos propietarios adaptaron su explotación hacia la extracción castañera, la cual se recolecta una vez al año de una forma sostenible y ordenada. Un interesante mecanismo a través de propiedades privadas dentro de áreas protegidas que fomenta el uso sostenible de un recurso muy valioso. Pudimos adentrarnos por los antiguos caminos caucheros, que ahora se utilizan para sacar castaña, y observamos centenarios árboles de goma con sus viejas cicatrices y heridas curadas. 

Preciosa experiencia, que me dejará siempre ganas de regresar a este país tan mágico llamado Bolivia (Estado Plurinacional). 































La lluvia desde el cielo