18 de agosto de 2010

Agua con aceite

Escribo ya desde Madrid. Sede mundial de mi vida. Dejé un escrito sobre Bangkok a medias, con mala impresión tras poner mi primer pie en esa ciudad. Tras cuatro días allí aprendí a moverme en el transporte público, compuesto por autobús, metro, tren ligero y barco express. Una ciudad que se transforma a cada paso. En un momento estás en Las Vegas chica y al rato te encuentras en el peor callejón del barrio chino tratando de comparar tu mapa con la realidad, y los nombres de las calles frecuentemente no están escritos en ningún lado. Pasas del buen olor al mal olor, de algo que te comerías a algo que te haría vomitar con solo mirarlo. Tiendas pequeñas de electrónica, documentos falsificados de cualquier tipo, y sobre todo gente de muchos lugares distintos que se combinan y le dan a esa ciudad el toque multicolor que le hace falta a muchas otras en el mundo. La transexualidad más introducida en la población que jamás encontré, con cierto ambiente sórdido según donde te metas. Tipos que te ofrecen todo tipo de espectáculos a los que es fácil hacer huir cuando les preguntas la opinión de su mujer. Con la práctica uno aprende a tratar al mejor comerciante o carterista de la ciudad, porque en ocasiones es difícil distinguirlos. Aprende a comer en el lugar apropiado a la hora adecuada, que no es más que cuando lo pide el cuerpo donde lo pide el cuerpo. Sabe cómo manejar el discurso con un conductor de taxi para que no te persiga, o simplemente, quizás, lo que ocurre, es que ellos aprendieron hace ya tiempo a distinguir la cara de recién llegado, como la mía aquel primer día. Los precios oscilan en un 500% según donde preguntes, y las ratas salen de las alcantarillas cuando llueve muy fuerte, huyendo hacia quién sabe dónde. Las noches quizás fueran lo más complicado, porque conciliar el sueño entre graves de discoteca es una tarea relativamente difícil, que puede llegar a ser facilitada sólo por un buen ventilador a tu costado.

1 comentario:

MR dijo...

Asi ya creo que conosco tu Bangkok.
Un abrazo y hasta pronto.