10 de noviembre de 2015

Más páramos en Antisana

El páramo siempre te rejuvenece. Ese frío que se mete hasta los huesos, la lluvia que no es lluvia y la humedad que rodea todo, te hacen sentir vivo (y mojado). Así fue en la Reserva Ecológica Antisana, donde nos fuimos a pasear y a buscar cóndores en el mes de Agosto. No vimos ninguno, pero como dijo el sabio "lo importante no es verlos, lo importante es saber que están ahí".

Desde Pintag (pueblo que lleva por nombre el de uno de los líderes indígenas otavalos que lucharon contra la invasión de los Incas y que prefirió morir de hambre antes que comer comida inca cuando le capturaron. Después de asesinado y degollado, con su piel hicieron un tambor para Inti Raymi) se accede a este precioso lugar siguiendo una carretera que serpentea entre las laderas nubladas del parque. 

Allí pudimos subir por unas escaleras en madera hasta el mirador del cóndor para divisar a lo lejos la laguna de Micas, cubierta por una pesada neblina que nos impidió estar mucho tiempo allá arriba. 

A la vuelta paramos en Sangolquí, pueblo pintoresco característico por su tradición en la preparación de riquísimos hornados (comida ecuatoriana que consiste en meter un cerdo entero al horno) y paseamos un rato antes de regresar a Quito. 

Esta visita de un día es sencilla y agradable, se la recomiendo a todo el mundo. 





Típica vaca siniestra 





Restos de alguna erupción pasada 




Perdón por la apología del asesinato