17 de febrero de 2017

Nueva York - Día 2

Aunque la noche anterior nos acostamos preocupados, porque pasó todo el día lloviendo y nos temíamos lo peor, por la mañana el cielo estaba despejado y un sol reluciente brillaba ofreciéndonos un prometedor día.

Salimos disparados hacia el mirador "Top of the Rock" del edificio Rockefeller. Nos habían advertido de las colas antes de subir, sin embargo, accedimos casi inmediatamente, quedándonos sorprendidos por todo el camino de pasamanos infinito donde en ocasiones de mucho turismo se amontona la fila, espectacular. En lo que dura la espera (casi no tuvimos tiempo de verlo tranquilamente) hay diferentes letreros y material audiovisual que te muestran la historia del edificio y del magnate. En realidad, lo que nos interesaba era subir hasta el piso 70, donde se sitúa un mirador de 360º desde donde puedes ver Manhattan a vista de pájaro.














Después visitamos la catedral de St. Patricks, sorprendente y escondida entre inmensos edificios. Conocimos la famosa pista de patinaje del Centro Rockefeller, y casi como relámpagos (después de este tramo de camino, mis pies ya estaban completamente reventados) nos fuimos hasta el muelle 84 en el río Hudson, de donde salen los barcos Circle Line. Uno de ellos hace un tour llamado "Best of Manhattan", que hace una vuelta a toda la isla, y desde donde puedes ver (al tiempo que te narran la historia de éstos) los edificios más carismáticos de Nueva York. También se pasa cerca de la Estatua de la Libertad, ahorrándote el viaje hasta los pies, donde se divisaba una cola interminable de personas para subir a la corona, lo que nos hizo alegrarnos de no haber decidido hacer esa excursión. Aunque la vimos desde el barco, nos quedamos con ganas de visitar la Isla de Ellis, que fue la principal aduana de Nueva York para controlar las migraciones durante más de 60 años, y por la que pasaron más de 12 millones de inmigrantes.








Así van los barcos repletos de gente






Isla de Ellis













El edificio de las Naciones Unidas





Tras un breve almuerzo en el Chelsea Market, donde pudimos ver el ambiente de Halloween, con monstruos y niños disfrazados por doquier, regresamos hasta la zona bulliciosa, para visitar la Biblioteca Pública de Nueva York, un monstruo de cemento, con dos leones custodiándola e inmensa (y preciosa) por dentro, un lugar muy recomendable para visitar. Cuando mis pies ya no podían más, y previo paso por la Estación Central, conocidísima por múltiples películas, nos dirigimos hasta el famoso Empire State, desde donde pudimos ver todo Manhattan iluminado por la noche, una experiencia inolvidable. Arrastrándonos, volvimos a casa para dormirnos inmediatamente.


Cabeza de calabaza caminando solo por el metro

















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