26 de julio de 2017

Isabela, tintoreras, túneles y tantas cosas

Tras la escala en Santa Cruz, salimos hacia la Isla de Isabela. La llegada fue medio desconcertante, pues existe un caos generalizado en el puerto y te cobran una tasa por entrar, cosa que en las otras islas no pasa. Entre el caos y la polvareda de las calles sin asfaltar acabamos subidos a una chiva (creo que aún no había hablado de las chivas en este blog; son unos camiones habilitados para que la gente se siente y pasee, donde suelen poner música, y en ciudades como Quito o Guayaquil, se convierten en puras discotecas móviles). En nuestro caso, la chiva era solo para llevarnos hasta el hotel, sin música, sin bebida y sin locura. Todo el pueblo de Puerto Villamil tiene aspecto de estar en obras, bastante descuidado. El primer día salimos a visitar un pequeño criadero de tortugas que tienen en la isla previo paso por unas lagunas saladas llenas de flamencos. El paseo es agradable, por unas pasarelas de madera bien montadas.



La iglesia de Puerto Villamil, muy bien ambientada.




















El mundo natural que encontramos en esta isla fue fabuloso. Iniciamos el día con una excursión llamada "Tintoreras", donde visitamos un pequeño islote que hay en frente del pueblo donde pudimos ver millones de iguana apelmazadas unas sobre otras y un pequeño túnel lleno de tiburones tintorera descansando pacíficamente. Paseamos entre rocas y acabamos haciendo snorkel también con tiburones, rayas, todo tipo de peces y vimos hasta caballitos de mar. Fue una sensación única. 


















Por la tarde pudimos darnos unos baños con los lobos marinos en el muelle de Concha de Perla, entre unos manglares y donde para llegar hay que pasar por una pasarela de madera llena de lobos marinos que te atacan, aunque dentro del agua son tranquilos y amigables.






Al día siguiente hicimos el tour de los túneles, que requiere de un trayecto en barco hasta el lugar indicado; por el camino vimos cientos de manta-rayas saltando en el horizonte, y sin pensarlo dos veces nos tiramos a verlas bajo el agua. Estuvimos un buen rato observándolas y nadando a su lado, contemplando ese baile hipnótico y tranquilizante. Una vez llegado al lugar nos quedamos boquiabiertos contemplando un paisaje marciano lleno de cactus, pozas de agua y rocas agujereadas por las corrientes, por debajo de las cuales pudimos pasar y darnos un chapuzón divertido entre peces y pingüinos de galápagos, la única especie que vive al norte del ecuador gracias a la corriente de Humboldt, lo suficientemente fría como para sobrevivir.































Después de volver destrozados de tanto trote, tanto buceo y un sol espléndido, tomarse una cervecita mirando la playa de Iguana Beach, fue tan relajante que creo que nos fuimos a la cama demasiado pronto.




Antes de nuestro regreso pudimos ir a darnos un baño tempranero a las grietas, un lugar impresionante donde se acumula agua entre dos rocas muy profundas. El agua es completamente cristalina y da una impresión muy grande porque tienes mucha visibilidad hasta el fondo. Aquí hicimos bien yendo muy temprano porque al rato se llena y vienen hasta los colegios a que los niños aprendan a nadar. Por el camino hay un par de playas bonitas y una planicie para extracción de sal de color rosa.






  





Aquí se acaban los relatos de Galápagos, con muchos meses de retraso pero se avanza poco a poco. Nos despedimos de estas islas viendo a una huidiza iguana de Baltra de camino al aeropuerto. 


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