23 de abril de 2018

Pinos, dunas y cámaras en Doñana

Fecha: 07 al 24 de Diciembre de 2017

Ruta: Madrid - Monasterio de Yuste - Garganta la Olla - Alcántara - Cáceres - Guadalupe - Trujillo - Évora (PT) - El Rocío - PN de Doñana - Matalascañas - La Rábida - Sevilla - Ronda - Málaga - El Torcal - Antequera - Córdoba - Casabermeja - Frigiliana - Cuevas de Nerja - Nerja - Granada - Guadix - Abrucena - Tabernas - Almería - San Miguel de Cabo de Gata - La Fabriquilla - Faro de Cabo de Gata - San José - Playa de los Genoveses - La Isleta del Moro - Rodaquilar - Las Negras - El Playazo - Agua Amarga - Playa de los Muertos - Níjar - Albaricoques - Sorbas - Mojácar - Vera - Cartagena - Vélez Rubio - Vélez Blanco - Pozo Alcón - Úbeda - Jaén - Baeza - Campo de Criptana - La Alberca de Záncara - Cuenca - La Ciudad Encantada - Madrid.


Madrugamos para hacer el tour por el parque. Yo recordaba haber ido con unos 12 años en octavo de EGB y nos subieron a unos pequeños autobuses 4x4 que nos metían por las dunas, una aventura total que esperaba repetir. Sin embargo, cuando me puse a averiguar los tours que había, me encontré con que había cientos de operadoras que se llaman de forma semejante y con información confusa. Finalmente opté por una en la que entendía que veríamos las marismas y también las dunas. Cuando salimos nos explicaron que esa ruta no visitaba las dunas y que se metía solamente por las marismas y los bosques de pino. Adicionalmente, la van no era de las que yo recordaba, era simplemente una furgoneta con los cristales empañados. Nos dan un trozo de papel y nos dicen que vayamos limpiando el baho con eso. Así que refunfuñando, y sin poder hacer fotos a través de ese sucio cristal, nos internamos en los bosques de pinos del parque, hasta llegar a las marismas y el centro de interpretación José Antonio Valverde. Por el camino salió el sol y de desempañaron los cristales, pero igualmente, no había ni paradas en lugares clave ni momentos para fotografiar desde fuera de la furgoneta. Desde el centro de interpretación se ven unas lagunas con bastantes aves diferentes, la vista es bonita y en ese rato ya se me pasó un poco el mal humor. Nos dejaron de vuelta en El Rocío, donde visitamos el Santuario de Nuestra Señora del Rocío y paseamos un poco por este pequeño pueblo far west. 






















Desde allí nos fuimos hasta el Centro de Cría de Lince El Acebuche, situado a pocos kilómetros de El Rocío, y donde pudimos acceder gracias a mi amiga Almudena y sus maravillosos contactos. Allí pudimos conocer a las chicas que trabajan en la estación y nos enseñaron el funcionamiento de todo el sistema de reintroducción de lince en el parque. Aunque en algún momento pensamos que podríamos acercarnos a los lugares donde tienen a los animales, entendimos que no es posible, por obvias razones. Pero al menos pudimos verlos y escucharlos en vivo a través de las pantallas. 





Después, y apenados por no haber podido ver las famosas dunas, nos bajamos hasta Matalascañas, ciudad fantasma (durante el invierno) de construcciones ostentosas y millonarias. Desde allí se accede a un paseíto por las playas vírgenes del parque, y pudimos disfrutar de estos bonitos montones de arena blanca. Estábamos solos y la sensación de desierto fue preciosa. 
















Antes de salir hacia Sevilla, donde pasaríamos la noche, viajamos hasta La Rábida (Palos de la Frontera), donde han construido unas réplicas a tamaño real de la Pinta, la Niña y la Santa María, las tres carabelas en las que se embarcó Colón con los hermanos Pinzón para llegar hasta la India. Impresiona, sobre todo, descubrir lo pequeñas que eran estas embarcaciones, y te hace reflexionar sobre lo valientes (y descerebrados) que debieron ser estas primeras personas que se lanzaron a alta mar sin certeza alguna sobre cuándo ni cómo llegarían. Allí también pudimos visitar el Monasterio de la Rábida, donde Colón se hospedó y empezó a preparar su campaña antes de viajar al nuevo mundo. Por allí pasaron Cortés, Pizarro y Martín Alonso Pinzón, quién ayudó a Colón para conseguir la financiación del viaje. Pinzón murió al poco de regresar del primer viaje y está enterrado allí mismo. Aunque no es un lugar espectacularmente bonito, lo tienen bien montado con toda la aventura de Colón, y vale la pena por toda la historia que guarda entre sus muros. 












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